“Introducción”
a Kurt Goldstein. Selected Papers /
Ausgewählte Schriften, 1971.
Aron
Gurwitsch
La
inclusión en la serie Phaenomenologica
de los trabajos reunidos en este tomo se justifica completamente por la
relevancia filosófica tanto de estos artículos como de la obra de Kurt
Goldstein en su conjunto –a pesar de su contenido en gran parte neurológico y
de su origen inicial en la investigación y práctica neurológicas. Esta
relevancia filosófica consiste más concretamente en un doble aspecto. Como
síntesis simplificadora de la teoría de gran estilo, la concepción de Goldstein
del organismo, sobre todo del sistema nervioso, ofrece ante todo un especial
interés desde el punto de vista de la lógica científica o de la metodología. Si
la obra de Goldstein hace en este aspecto las veces de objeto de reflexión
filosófica, por otra parte sus interpretaciones de las consecuencias
psicológicas de las lesiones cerebrales –afasias, agnosias, apraxias…– se
encuentran en una relación aún más directa e inmediata con la Filosofía, en
tanto que convergen con ciertas doctrinas filosóficas o las confirman. En este
sentido han sido también interpretadas en múltiples ocasiones. Nos parece
además que estas interpretaciones que ahora nos ocupan están llamadas a
efectuar una muy importante contribución para el impulso de ciertos problemas
de la Fenomenología de Husserl y que en este sentido su productividad
filosófica quedará patente aún más y de forma más clara en el trabajo de
investigación futuro.
Naturalmente ha sido el segundo aspecto, el de la relevancia
filosófica directa, determinante para la elección de los trabajos aquí
presentados, que, por otra parte, se publican de nuevo en la lengua en la que
aparecieron originalmente[1].
Sin embargo, se prestará en cierto modo también atención en estas notas
introductorias al aspecto que fue citado en primer lugar.
I
Según Goldstein el sistema nervioso constituye una red que
funciona siempre como un todo[2].
En diferentes puntos de esta red se encuentran células ganglionares por medio
de las cuales se impide una propagación rápida y desmesurada al conjunto del
sistema de una alteración producida en un área limitada. Pero por otra parte, puesto
que estas células ganglionares mantienen conectados el área del que hablamos
con la totalidad de la red, permiten también una nivelación progresiva de las
diferencias de energía y de las diferencias de la intensidad de la excitación,
es decir, (permiten) el restablecimiento de una situación de equilibrio. En
esta concepción del sistema nervioso no se trata de comprender este como un
ensamblaje de segmentos y sectores que funcionan de forma autónoma, es decir,
independientemente unos de otros, de tal modo que las diferentes funciones sólo
a posteriori entran en comunicación y se combinan, por ejemplo, a causa de
“interacciones” o de que sea precisa con posterioridad una coordinación entre
ellos que en principio correspondería a centros superiores. Por consiguiente,
no se puede ver ninguna capacidad o función, sea del tipo que sea, como el
resultante de funciones y capacidades elementales, que se corresponderían con
los procesos en los ya mencionados segmentos y sectores. Más bien debe verse
cada capacidad en relación al sistema nervioso como un todo, como expresión y
manifestación del conjunto del organismo, con lo cual hay que tener en cuenta
las condiciones bajo las que el organismo se encuentra en cada ocasión, por
ejemplo su situación inicial.
De esto se deriva una consecuencia en relación a la pregunta
de la localización de capacidades y funciones. Del hecho de que una cierta
función quede suspendida o resulte más o menos mermada por la lesión de un área
determinada del sustrato nervioso, no se puede deducir que el área dañada
constituya la ubicación de esa función, que los procesos fuera de esa área sean
para su desarrollo relativamente irrelevantes. Puesto que la lesión de un área
significa su aislamiento, es posible una generalización. Fenómenos que tienen
lugar bajo la condición del aislamiento, por ejemplo, cuando en un experimento,
debido a la desconexión del resto del conjunto de la red, sólo se utiliza un
sector parcial del sistema nervioso, muestran los resultados del aislamiento.
No se puede sin embargo creer que estos fenómenos en forma aislada y “pura”
muestran los fenómenos y procesos elementales que también tienen lugar bajo
otras condiciones que no sean el aislamiento, sólo que entonces se producen
dentro de conjuntos más amplios de procesos y funciones, en las cuales sin
embargo existen y se desarrollan (sólo modificadas eventualmente con
posterioridad) de la misma forma en la que se muestran bajo las condiciones del
aislamiento. Goldstein es así conducido a un importante principio metodológico:
para la comprensión del organismo se tiene que partir de los fenómenos que se
verifican bajo el condicionante del aislamiento, ya que para la práctica de la
investigación teórica no existe otra posibilidad de acceder a ellos. No se
puede, sin embargo, lograr entender el organismo cuando de forma inductiva se
pretende organizar y ensamblar los fenómenos observados bajo el condicionante
del aislamiento. Más bien se tienen que poner en relación estos fenómenos con
el organismo como totalidad e interpretarlos como sus manifestaciones y modos
de funcionamiento bajo el condicionante del referido aislamiento. Dicho de otro
modo: el comportamiento sano no se puede concebir a partir de fenómenos
patológicos, sino a la inversa, el comportamiento patológico como modificación
del sano bajo el condicionante del aislamiento.
Aunque no existe para ninguna capacidad o función una
localización en el sentido tradicional, algunos procesos que tienen lugar en un
área determinada del sustrato nervioso tienen para una función o capacidad dada
un significado especial. Estos procesos muestran los “sucesos de primer plano”,
son procesos-figura (Figur-Prozesse) a los que, para que
transcurran con rapidez, les es ordenado que en el resto de la red nerviosa,
fuera del área que nos concierne, tengan lugar los correspondientes “sucesos de
segundo plano”. La estructura de “sucesos de primer plano” y de “segundo
plano”, que están dirigidos en sentidos contrarios, representa según Goldstein
la forma básica de todos los sucesos nerviosos. Goldstein denomina al anclaje
del proceso de primer plano en el suceso de segundo plano que le corresponde
centralización (Zentrierung), que
puede tener distintos grados, y que en el ser humano apenas existe en una forma
perfecta. Del grado de la centralización depende la mayor o menor
diferenciación de las funciones, la precisión y prontitud de las capacidades,
la estabilidad del medio que el organismo se crea y en el que vive, la
capacidad del organismo de enfrentarse con su entorno y de cumplir las tareas
que en él se originan.
De la concepción del sistema
nervioso como una red esbozada al principio se pueden deducir las consecuencias
que se producen en caso de aislamiento de un área parcial de esta red, por
ejemplo, cuando por enfermedad, daño mecánico o intervención quirúrgica se
destruyen células ganglionares. El aislamiento tiene siempre como consecuencia
la disminución de la centralización. La destrucción material de células
ganglionares no es por lo demás una condición indispensable para el aislamiento
y la descentralización. El aislamiento puede producirse a causa de las
circunstancias peculiares del reconocimiento médico o a causa de las
condiciones de un experimento, cuando, por ejemplo, sólo se utiliza el sector
visual, también por la aparición repentina de un peligro o por un estímulo
inesperado de una intensidad desproporcionadamente violenta. La falta de
centralización existe en el organismo que no se ha desarrollado completamente,
esto es, en el del niño, en tanto que la fase de la centralización,
perteneciente a la madurez y correspondiente a ella, aún no se ha alcanzado. De
lo que se trata no es de las distintas causas posibles del aislamiento, sino
más bien de este mismo y de la descentralización que va mano a mano con él.
Como consecuencia se dificulta la capacidad de reaccionar a
los estímulos exteriores: los umbrales se han elevado. Pero si un estímulo
externo ha surtido efecto, el suceso nervioso provocado por él alcanza una
violencia y una intensidad fuera de lo normal, justamente porque debido al
aislamiento el área en el que éste (el suceso) tiene lugar se ha reducido. El
regreso a la situación de equilibrio se ha hecho más difícil y esta dificultad
se manifiesta en la anormal fijación, así como en los fenómenos de
perseveración de todo tipo y en las zonas más diferentes. Puesto que la
excitación está restringida a un área delimitada, pierde en cierto modo el
carácter de un proceso-figura anclado en el segundo plano a ella perteneciente.
La nivelación entre figura y segundo plano se corresponde con la falta de
diferenciación de las capacidades y funciones. Aquí pertenece también la
rigidez automática del reflejo, en el que Goldstein no ve ni el fenómeno más
simple y elemental de la vida, ni una simple construcción teórica o abstracción,
sino que interpreta como un comportamiento particular bajo las condiciones
específicas del aislamiento, por así decirlo como resultado y producto del
aislamiento y la descentralización, como creado por esto. A la nivelación de
sucesos de primer y de segundo plano se debe también la labilidad, es decir, la sucesión alterna de procesos antagónicos,
tanto en el terreno de la sensorialidad como de la motricidad. Después de que
un cierto proceso, que a consecuencia de la descentralización alcanza una
intensidad excesiva, haya durado un tiempo, los procesos de segundo plano
adquieren la preponderancia, se imponen, y el proceso inicial es reemplazado
por otro opuesto a él, hasta que después de algún tiempo se produce un nuevo
retroceso y el proceso inicial alcanza otra vez la preponderancia, etc.
Mientras que en la vida normal del organismo no existe en absoluto ninguna
oposición entre procesos antagónicos que se contrarrestan mutuamente, sino una
estructura de primer plano-segundo plano más o menos acentuada, esta estructura
se descompone bajo las condiciones del aislamiento y descentralización en una
sucesión temporal de fases antagónicas de un proceso. Los fenómenos del
antagonismo no son, como reflejos, otra cosa que resultados y por eso mismo
creaciones del aislamiento, con lo cual los motivos y causas que en un caso
dado originan el aislamiento son irrelevantes. Al mismo tiempo es comprensible
que en el mismo enfermo se pueda observar tanto una fijación anómala como una
labilidad anómala y por qué sucede esto.
A causa de esta concepción de la descentralización y de sus
consecuencias, una enorme cantidad de fenómenos patológicos y de hallazgos
experimentales encuentra una explicación común, es decir, una explicación desde
un único principio. En el presente contexto no es posible tratar de aclarar
esto sólo por medio de alusiones[3].
Sólo haremos referencia con unas palabras a la crítica de Goldstein al
Psicoanálisis y la explicación que él da de la ambivalencia. En primer lugar,
Goldstein rechaza el inconsciente por tratarse de un concepto definido de una
forma meramente negativa. Uno de sus más importantes principios metódicos
prohibe utilizar conceptos definidos negativamente, por ejemplo, también tales
como inhibición o desinhibición. Por consiguiente Goldstein no admite que las
ideas, experiencias, sentimientos, etc., del niño, en pocas palabras, la
mentalidad infantil, sea expulsada al inconsciente y allí sobreviva inalterable
la madurez y el desarrollo, para salir a luz en forma consciente si se presenta
la ocasión adecuada. Cuando el neurótico habla de “padre”, “madre”, “norma
moral”, “incesto”, esto significa para él algo totalmente diferente a lo que
había significado en su infancia. La neurosis no representa ninguna regresión
en la infancia. Es cierto: el comportamiento ambivalente se observa tanto en el
niño como en el neurótico. Pero la ambivalencia no representa ningún caso
especial de labilidad, que es por su parte una consecuencia de una
centralización debilitada o disminuida. A consecuencia de su inmadurez el niño
aún no ha alcanzado la centralización; en el caso del neurótico la reducción de
la centralización es una consecuencia de la enfermedad, que además es fomentada
por las especiales circunstancias de la situación psicoanalítica. Para demostrar
una similitud entre el comportamiento infantil y el neurótico no basta una
identificación de los contenidos y elementos que entran a formar parte en ambos
procesos, esta similitud se explica más bien por la similitud de las
condiciones bajo las cuales tienen lugar los procesos y por su forma de
desarrollo, que está determinada por las condiciones.
El ejemplo de la crítica al psicoanálisis, junto a la que se
podrían citar muchas otras (por ejemplo, la discusión del “fenómeno Babinski”),
pone de relieve que la concepción de Goldstein representa una simplificación
teórica, ya que explica los fenómenos más variados de los campos más diferentes
por medio de unos pocos principios generales, sin tener que depender de
supuestos adicionales e hipótesis auxiliares. Entre estos principios se debe
citar el de la disminución de la centralización, derivada del aislamiento. La
síntesis de Goldstein, simplificadora de la teoría, es posible porque su
pensamiento no se orienta tanto hacia contenidos, hechos y temas objetivos,
sino más bien hacia funciones, sus condiciones y modos de evolución, es decir,
hacia aspectos formales de lo funcional. Desde el punto de vista de la
metodología filosófica este paso de un pensamiento ligado al contenido objetivo
a otro orientado a lo funcional es especialmente significativo porque se
corresponde con el verdadero espíritu de la ciencia moderna[4].
De la orientación funcional del pensamiento de Goldstein
resulta otro importante principio metodológico expuesto por él. Si se verifica
en un enfermo una pluralidad de síntomas, no se puede nunca ver uno de estos
síntomas como central o fundamental, a partir del cual se desarrollan o se
derivan secundariamente los otros síntomas. Una caracterización tal no puede
ser más que arbitraria en el sentido de parcialidad, porque o se apoya en ideas
teóricas preconcebidas, o en el hecho de que un determinado síntoma por
cualquier causa llame la atención especialmente. El método adecuado consiste en
poner de relieve el conjunto de los síntomas, pero tomando todos de la misma
forma como síntomas, es decir, relacionarlos con el organismo como totalidad e
interpretarlos como su modo de comportamiento bajo las condiciones a las que
hacemos referencia. De lo que se trata es de poner de relieve la transformación
fundamental del organismo, que se manifiesta en todas sus capacidades y
comportamientos en un modo que se corresponde con las áreas que entran cada vez
en juego.
Cuando Goldstein habla del organismo como todo y como tal,
no entiende con esto una entelequia o cualquier producto de un orden superior
que estuviera por encima de los miembros del cuerpo, órganos y sistema
orgánico. Se trata en su caso no de una ratio
essendi, sino más bien de una ratio
cognoscendi. Para Goldstein el organismo constituye una idea que debe
permitir el entendimiento, es decir, debe posibilitar la compresión de
fenómenos verificados con la ayuda de métodos analíticos y experimentales. Se
tiene que partir de los fenómenos y hechos así verificados, porque no hay
ningún otro acceso al organismo. Sin embargo, no se llega a éste reuniendo los
hechos comprobados de forma analítica y experimental, comparándolos unos con
otros, clasificándolos, en resumen, procediendo con ellos de forma inductiva.
Para llegar al organismo desde los hechos particulares es necesario un salto, o
sea, la concepción de una idea, en la Biología no menos que en las otras
disciplinas teóricas, por ejemplo, en la Física. A partir de esta idea de
derivan consecuencias, que dan pie a otras comprobaciones de carácter experimental
y analítico, las cuales, por su parte, o confirman la concepción teórica o
conducen a su revisión más o menos radical hasta su completo rechazo. En este
caso se concibe una nueva idea del organismo, que por su parte tiene que ser
confrontada de nuevo con los resultados del análisis y del experimento, etc.,
en la forma mencionada.
En el curso de sus explicaciones metodológicas Goldstein se
remite a E. Cassirer y sobre todo a H. Hertz para el carácter simbólico de las
construcciones y modelos teóricos. Por esta causa puede hablar de una idea del
organismo que explica las particularidades. Los modelos y construcciones
biológicas se diferencian de las de las ciencias matemáticas y físicas por su
gran “cercanía a la vida”: son menos abstractas y formalizadas. De todos modos
ya insistimos en la orientación funcional de la obra de Goldstein, que por esta
orientación y gracias a ella se sitúa al lado de las más conocidas síntesis
simplificadoras de la teoría de la historia de la ciencia.
II
De las investigaciones de las secuelas de lesiones
cerebrales –afasias, agnosias, apraxias, etc.– realizadas por Goldstein en
colaboración con A. Gelb se deriva la distinción fundamental entre actitud
concreta y categorial (konkreter und kategorialer Einstellung). En la
actitud concreta el sujeto se abandona al mundo exterior y se deja guiar por la
situación presente y concreta en la que se encuentra. Se cumple con las
correspondientes necesidades prácticas de una forma rutinaria y se satisfacen
las exigencias que resultan de una situación concreta. Asuntos de todo tipo son
tratados y manejados como si figuraran hic
et nunc en la situación presente en ese momento. Por así decirlo, son
definidos por su fin y uso práctico bajo las circunstancias concretas. Lo característico
dla actitud concreta consiste en que el sujeto se mantiene totalmente dentro de
la situación fijada y es incapaz de ver más allá de ella. Como el sujeto está
por así decirlo abrumado por la situación dada en su masiva realidad y a merced
de esta situación, no hay ninguna distancia entre el yo y el mundo externo.
Justo la existencia de una distancia tal es fundamental para
la actitud categorial. En esta actitud se ve la situación concreta en cuestión,
pero aparece introducida en un contexto más amplio. Las acciones a las que
invita la situación dada pueden omitirse, ya que se prevén “efectos
secundarios” indeseados que acarrearía la realización del acto que nos
concierne. Hablamos de efectos secundarios porque las consecuencias de las que
se trata están situadas fuera de la situación concreta de la que hablamos. Sin
que esta última pierda su realidad para el sujeto, esta realidad pierde sin
embargo su solidez en la medida en que la situación dada, a pesar de su
realidad, se concibe como cambiante. Dicho de otra forma: se pueden tomar en
consideración otras posibilidades, de tal modo que la situación concreta y real
aparece como una posibilidad entre otras posibilidades. Esto significa: la
realidad aparente puede observarse desde puntos de vista distintos y
cambiantes, cuya elección depende únicamente del sujeto. El sujeto puede tomar
posición sobre la situación dada, tener en cuenta acciones e iniciar aquéllas
que tienden a su modificación. En conformidad con esto, los objetos y asuntos
que se hallan en la situación concreta pueden desprenderse del vínculo con el
contexto de la acción en esta situación. Entonces ya no son vistos únicamente
como determinados por la función que desempeñan en el contexto de una cierta
acción, sino que pueden ser referidos a un orden abstracto, por ejemplo ser
tomados como casos particulares de un concepto o como representantes de una
clase o categoría de objetos. De nuevo puede tratarse de distintos órdenes
abstractos y el paso de uno a otro se le deja al buen criterio del sujeto. En
resumen, se puede caracterizar la actitud categorial por el hecho de que el
sujeto está en la situación de desarrollar su propia iniciativa frente a la
realidad dada, tanto en el pensamiento como en la acción.
De
observaciones clínicas e investigaciones realizadas durante años se deriva que
en todos los casos de lesión cerebral los enfermos estaban reducidos al actitud
concreta. Aunque el cuadro clínico varía en detalle según las circunstancias,
esta reducción permite en general determinar, y hay que recalcarlo, que afecta
a la totalidad de las funciones y capacidades. Con esta reducción, que se
expresa en todos los síntomas y con la que hay que relacionar del mismo modo
todos los síntomas, tenemos ante nosotros una de las antes mencionadas
modificaciones fundamentales. Por supuesto, esta reducción es una consecuencia
del aislamiento causado por la lesión; el aislamiento se manifiesta por lo
demás también en el comportamiento del enfermo, en cuanto que permanece preso
en un contexto de acción práctico y no está en la situación de ver más allá de
la situación realmente concreta y presente.
Puesto
que la actitud concreta se diferencia de la categorial, hay que resaltar que el
comportamiento de los lesionados cerebrales reducidos al actitud concreta no se
puede identificar con la actitud concreta del sano. También la persona sana se
puede comportar concretamente y se comporta concretamente, en cuanto satisface
las exigencias cotidianas por medio de acciones que se desarrollan de forma
simple. Sin embargo, en los sanos la fase del comportamiento concreto está
integrada en un proceso más amplio, que también incluye fases determinadas por
una actitud categorial. Se puede decir que el comportamiento concreto del sano
tiene lugar dentro de un horizonte de una posible actitud categorial. Esto no
vale para los lesionados cerebrales. El hecho de que queden reducidos al
actitud concreta significa la supresión de la posibilidad de actitud
categorial, en consecuencia también de toda referencia a esta posibilidad. De
esto resulta metodológicamente que sólo se puede entender el comportamiento del
lesionado cerebral desde el del normal, es decir, como variación y
radicalización dla actitud concreta del sano.
La
filosofía contemporánea ha utilizado e interpretado repetidamente los conceptos
y teorías de Goldstein. E. Cassirer les ha dedicado una minuciosa exposición y
discusión y las ha utilizado como confirmación de su teoría de las funciones
simbólicas[5].
Según esta teoría, los fenómenos sensoriales, captados en una variación y flujo
constantes, están sometidos al modelado simbólico, en virtud del cual son
organizados en relación con determinados centros de ordenamiento
(objeto-atributo, orden espacial, sucesión temporal) y de este modo obtienen
sentido y significado[6].
Ahora bien, para Cassirer ni los datos sensoriales en su pureza ni la función
simbólica en su operación son accesibles de forma directa e inmediata. Lo que
se nos presenta y con lo que nos tenemos que ver es siempre sólo el producto
terminado o el resultado de la acción conjunta de ambos factores: los datos
sensoriales formados o formulados simbólicamente de una manera determinada. Los
hallazgos de Goldstein son importantes para Cassirer porque en estos hallazgos
se manifiesta un aflojamiento de la unión entre los dos momentos citados; en
cierta medida se separan. Por otra parte, la interpretación de Goldstein
aparece como una confirmación de la teoría de Cassirer, especialmente del
dualismo tan característico y esencial para esta teoría. Por otra parte,
Cassirer interpreta la reducción a la actitud concreta como una merma, si no
eliminación, de la función simbólica.
A
esta, como él la llama, concepción intelectualista de Cassirer, opone
Merleau-Ponty su interpretación existencialista[7].
Según Merleau-Ponty la reducción al actitud concreta afecta no tanto, y en
cualquier caso no primariamente, a la función simbólica o a una función
intelectual en sentido estricto como más bien a la experiencia primordial,
pre-lógica y pre-predicativa, que sirve de base a todos las capacidades lógicas
y sobre cuyo fundamento sólo son posibles estas capacidades[8].
El mundo dado en una experiencia primordial a una persona sana se organiza de
un modo específico; en él existen equivalencias, correspondencias y otros
aspectos importantes, gracias a los cuales el sano se puede orientar en su
mundo espontánea y rápidamente. En el caso de la lesión cerebral se destruye
este sistema de correspondencias, de tal modo que el comportamiento del enfermo
se modifica de un modo característico, aunque estas modificaciones varían en
gran medida según la localización del daño. En un caso de agnosia visual, para
citar un único ejemplo, el enfermo tiene que construir progresivamente los
objetos que se le presentan visualmente pedazo a pedazo, mejor dicho, fragmento
a fragmento. En la estrecha conexión entre la estructura del mundo de un sujeto
y su modo de comportarse con su mundo y de existir en él, una modificación del
mundo implica una variación en el modo de orientarse en este mundo y de enfrentarse
con las situaciones dadas cada vez. Su trabajo como médico y su intenso interés
en las personas, especialmente en las personas enfermas, han hecho esta
interpretación de su obra [por parte de Merleau-Ponty], situada en la línea de
una antropología filosófica, especialmente atractiva para Goldstein.
Desde
el punto de vista de la Fenomenología de Husserl, el autor de estas páginas ha
intentado poner de relieve una convergencia entre la teoría de la ideación de
Husserl y la explicación de la afasia amnésica de Gelb-Goldstein, especialmente
de la amnesia de los nombres de colores[9].
Los hallazgos neurológicos confirman la naturaleza específica de los actos
idealizantes (ideierend) sostenida
por Husserl y la imposibilidad de reducir la conciencia idealizante a la
conciencia perceptiva, una reducción que se intentó una y otra vez en la
escuela empirista. Ambas tendencias en la investigación llegaron además de
forma completamente independiente a una distinción, que en la manera de
expresarse fenomenológica puede denominarse como aquella entre los momentos
sensoriales de uniformidad o unidad por una parte, y la uniformidad o unidad
como formas categoriales por otra parte. Es distinto si objetos de colores, por
ejemplo madejas de lana, aparecen como pertenecientes al mismo grupo en virtud
de una coherencia directamente sensorial que se experimenta al instante, o
porque todas se relacionan con la misma especie, por ejemplo rojo, y se
consideran como ejemplares de esta especie, o como representantes de la
categoría “objetos rojos”, constituida atendiendo a la especie mencionada. A
causa de ésta y parecidas comprobaciones, el autor ha defendido la tesis,
siguiendo a Husserl, de que todos los términos categoriales y lógicos pueden
tener un doble significado[10].
Uno es el categorial y lógico en sentido conceptual estricto y riguroso;
tomados en el otro significado, los términos en cuestión designan rasgos y
momentos dados de forma inmediata que son inmanentes a las experiencias de
percepción sensoriales.
La
diferenciación de la que hablamos es fundamental y de importancia general. En
sus últimos escritos Husserl situó en primer plano el “mundo de la vida” (Lebenswelt), es decir, el mundo tal y
como es dado en una experiencia de percepción pura, como la base y el
fundamento sobre el que se desarrollan las capacidades de la razón, de la razón
lógica, matemática y de las ciencias naturales en el sentido específicamente
moderno[11].
Para una interpretación radicalmente filosófica del sentido de estos beneficios
de la razón hay que volver al mundo de la vida. Este presenta formas de
organización determinadas. Husserl habla de un “a priori del mundo de la vida
universal” a diferencia de un “a priori objetivo” de las ciencias matemáticas y
otras ciencias formales, que se funda en el primer a priori y procede de ésta
gracias a “beneficios idealizantes” específicos[12].
Se puede expresar como que en el mundo de la vida está vigente y domina un tipo
determinado de lógica que no es la lógica en el sentido propio de una
disciplina explícitamente demasiado sistematizante y formal, sino que forma
sólo su célula germinal y que por eso puede designarse de forma no inapropiada
como “protológica”[13].
Con esto está formulado un problema o más bien una tarea de la investigación de
gran trascendencia, el problema de desarrollar primero la protológica en su
totalidad y después de aclarar el paso de ella a la lógica en sentido estricto.
Se trata de poner de relieve y analizar los actos de conciencia que toman parte
en este paso, especialmente en las capacidades idealizantes, y se trata también
de las condiciones bajo las que son posibles estos actos y efectos. En este
contexto, las investigaciones de Goldstein adquieren especial relevancia porque
sus descubrimientos patológicos son idóneos para hacer las veces de ejemplo
contrario negativo, al revelarse en ellos condiciones que se pasan por alto con
facilidad, o cuya realización se considera evidente porque en la vida de la
conciencia normal siempre son de facto realizados.[14]
En el problema ahora mismo señalado, que no es otra cosa que una teoría
fenomenológica de las ciencias –de todas las ciencias–, vemos una petición
urgente de la fenomenología de Husserl en el estadio presente de su desarrollo.
Para acometer esta tarea esperamos de las investigaciones de Goldstein
sugerencias valiosas y un estímulo importante.
[1] Jos. Meiers ha confeccionado una bibliografía completa de los trabajos de Goldstein en The Reach of the Mind, New York, 1967.
[2] Goldstein ha desarrollado su concepción del sistema nervioso (que él por
lo demás ve generalizado al organismo como totalidad) en su libro Der Aufbau des organismos (Haag, 1934),
especialmente cap. III (en
inglés, The Organism, New York, 1939
y Boston 1963; en francés La structure de
l´organisme, Paris, 1951). Gurwitsch ha dado una descripción resumida en
“Le fonctionnement de l´organisme d´après K. Goldstein”, Journal de Psychologie normale et pathologique XXXVI, 1939, y W.
Riese en “Kurt Goldstein. The Man and his Work”, The Reach
of Mind,
[3] Sobre esto ver Goldstein Der Aufbau des Organismus, cap. IV-VI y ver nuestra presentación resumida en “Le fonctionnement de l´organisme d´après K. Goldstein”, loc. cit., pp. 119ss.
[4] Por esta causa aludimos también a la crítica de Piaget del Psicoanálisis, Introduction à l’Épistémologie génétique (Paris, 1950) vol. III, pp. 154s. Piaget parte de otros presupuestos y tampoco sus conceptos son los mismos. Visto metodológicamente su crítica se acerca a la de Goldstein en cuanto que también él sustituye la “causalidad sustancial” por la reflexión sobre lo funcional (que él denomina “esquemas”).
[5] Ver el resumen de A. Schutz
“Language, Language Disturbances and the Textura of Consciousness”, Social Research XVII, 1950 y Collected Papers vol. I, 1962.
[6] E. Cassirer Philosophie der symbolisches Formen, vol. III (1929), II Parte, cap. VI.
[7] M. Merleau-Ponty Phénoménologie de la Perception, Primera Parte III, IV, VI.
[8] Merleau-Ponty recurre para su interpretación a ideas que Husserl desarrolló en sus últimos escritos. Volveremos de forma breve sobre estas ideas.
[9] A. Gurwitsch “Gelb-Goldstein´s
Concept of ‘Concrete’ and ‘Categorial’ Attitude and the Phenomenology of
Ideation”, Philosophy and Phenomenology Research X (1949) y Studies in Phenomenology and Psychology. El mismo
Goldstein ha reconocido esta convergencia en A History of Psychology and in Autobiography, vol. V (editores E. G. Boeing y G.
Lindzey, 1967), pp. 162s.
[10] A. Gurwitsch “Quelques aspects et developpements
de la Psychologie de la Forme”, Journal
de Psychologie Normal et Pathologique XXXIII (1936), pp. 437s y 455s (en
inglés : “Some Aspects and Developments of Gestalt Psychology”, pp. 30s y
40s.
[11] Husserl Formale uns transzendentale Logik (1929) ; Erfahrung und Urteil (1939 y 1948); Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie, Husserliana vol. VI (1954).
[12] Husserl Die Krisis der europäischen Wissenschaften und die transzendentale Phänomenologie, § 36.
[13] El autor se siente agradecido a su discípulo L. Embree por la expresión “protológica”.
[14] Compárese A. Gurwitsch “Sur le pensée
conceptuelle”, en Edmund Husserl
1859-1959, Phaenomenologica vol. IV, 1959 (en inglés, “On the Conceptual Consciousness”, Studies in Phenomenology and Psychology).